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No te apresures en llegar a la Torre de Londres, porque la Torre De Londres no es el Big Ben de Eugenia Gallardo o la construcción de un objeto huidizo a pequeña escala*

Aída Toledo

*. Fragmentos del capítulo del mismo nombre del libro Vocación de herejes, reflexiones sobre literatura guatemalteca contemporánea, Guatemala: Academia Editores/Editorial Cultura, 2002.

1. Eugenia Gallardo comenta que asistiendo al taller de narrativa de Mario Roberto Morales, financiado por Editorial Norma en Guatemala, practicó las técnicas de la escritura automática, ya que el taller precisamente estaba dividido en dos etapas, la primera de las cuales era la práctica de este tipo de escritura. Eugenia Gallardo, carta para Aida Toledo, 21 de marzo 2000.

2. Según Edward Friedman existe una vinculación entre la picaresca como género y la autobiografía, una conciencia inevitable del acto creativo y del material recreado. Otros rasgos serían el rol marginal del personaje, la conciencia social tanto del personaje como del creador, la presencia de la ironía en los niveles de la historia y del discurso narrativo. Edward Friedman en ADelimitando marcos literarios: la pícara y los problemas del género@, en Modalidades de representación del sujeto auto/bio/gráfico femenino, ed. Magdalena Maíz y Luis Peña (México: Facultad de Filosofía y Letras, 1997), 25-26.

3. Lucrecia Méndez de Penedo, ALa inquietante inocencia en la narrativa de Eugenia Gallardo@, La Ermita 5:19 Julio-Sept. 2000: 27-33.

4. A principios del siglo xix, el autor inmune al deseo de reivindicarse ante la historia, entrevé una realidad más compleja subyacente en la tarea autobiográfica, la urgente necesidad de colocar su texto dentro de los límites de la historia, disciplina más segura, coarta toda reflexión sobre las complejidades de la memoria. Sylvia Molloy, AMemoria, linaje y representación@, Acto de presencia, 187.

5. No te apresures en llegarY, 127.

El estigma del exilio es en el caso de Eugenia Gallardo una cicatriz que invisible atraviesa como hilo conductor una serie de historias a manera de pequeñas narraciones con reminiscencias de escritura automática.1 El libro se estructura como un calendario de 52 semanas con una narración por semana, ejemplificando una vez más cómo muchas narraciones elaboradas por mujeres latinoamericanas presentan características similares en cuanto a su naturaleza híbrida y la necesidad de negar “lo racional” masculino dentro de la lógica tanto de composición como de narración.

Una de las cuestiones fundamentales, para nuestros propósitos, son las formas en que Gallardo busca soluciones a la mezcla de los géneros. Formalmente los textos son unidades fragmentadas, cuyos vínculos de unión se elaboran como en las historias de la picaresca.2 Cada principio y final deja una incógnita: hay una pregunta elaborada o dejada a la casualidad que se recoge en el capítulo textual siguiente. El libro se encuentra dividido en 53 textos ya que existe un epílogo final, en donde se deja una última pregunta por contestar. Con esta estructura Gallardo se plantea la escritura de una autobiografía atípica a la cual Lucrecia Méndez ha llamado “proyecto de errática escritura intimista”.3 Los elementos tomados de la vida de la autora son múltiples pero Gallardo lleva esta información hacia estados ficcionales que le permiten evadir o contradecir el carácter de sí histórico del género autobiográfico.4

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Las estrategias discursivas de Gallardo siguen ciertos modelos de inversión de la realidad narrativa; un ejemplo son las omisiones de un período determinado de historia ficcional (“Ya no recuerdo como salimos del bosque”). De la misma forma hace aparecer sin conección narrativa a otros personajes; en el capítulo 12 es creada Carmela-Carmelo, “a quien le gustaba vestirse como hombre para que escucharan lo que tenía que decir”, protagonista de una de las secciones de mayor coherencia narrativa. Carmela es una voz ficcional femenina pero autoritaria que tiene ciertos rasgos picarescos y cuya falta de identidad es una estrategia social porque sabe que asumiendo una identidad masculina podrá manejarse mejor en el mundo de la fantasía en donde se encuentra inmersa. Es Carmela-Carmelo precisamente quien decide ir en pos de la Torre de Londres, y aunque su travesía se convierte en un fracaso, ya que muere durante el viaje sin haber llegado a la Torre, el deseo es el que la lleva hasta Londres. Aquí Gallardo parece inducirnos a reflexionar acerca de la imposibilidad de concreción del deseo femenino si no es a través de otro tipo de aprehensión de la realidad.5

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Las estrategias autobiográficas en este libro difieren de la autobiografía canónica, que pone un énfasis esencial en la validación del relato biográfico a través de los aspectos históricos. El libro de Gallardo hace exactamente lo contrario, trabajando la fragmentación, los anacolutos y toda una serie de elementos dispersos que juntos producen un efecto anestésico y que paradójicamente se constituyen en rasgos centrales de sus narrativas en vez del contenido biográfico. La forma de cerrar la historia la logra Gallardo induciendo al desciframiento que parece otro rasgo escritural de su narración. Cada una de las cinco imágenes que la narradora va a descifrar o descodificar en busca de respuestas a las adivinanzas del viaje emprendido a partir del texto 48, devienen imágenes visionarias, cuerpos textuales ambiguos y resistentes a la interpretación, que ejemplifican las múltiples avenidas de la recepción. El epílogo funciona en el proceso de estructuración como bisagra que abre y cierra las posibilidades de comprensión: “A quien ha tenido la paciencia de leerme, ordenadamente, hasta este punto, le pregunto: —¿Qué fue lo que hice?”

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Este primer libro de Eugenia Gallardo aparece, entonces, por su estatuto totalmente excéntrico en el contexto de la literatura guatemalteca, como ese objeto huidizo que se escapa de los antecedentes y las definiciones. Hay una tradición trunca en la novelística de mujeres guatemaltecas, donde las oportunidades de publicación y difusión de la obra de la mayoría fueron anuladas por las implicaciones épicas de la guerra contrainsurgente. No te apresures en llegar a la Torre de Londres, escrita al final del siglo veinte, nos da la confianza de que no estamos condenados a repetir un pasado de frustraciones y fracasos y que, con todos los interrogantes del caso, Guatemala también puede participar en los procesos de globalización literaria.

Vocación de herejes. Aída Toledo,
reflexiones sobre literatura guatemalteca contemporánea,
Guatemala: Academia Editores/Editorial Cultura, 2002.

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