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*. elPeriódico / Cultura y más. Pag. 18. Guatemala, lunes 22 de noviembre de 2004

El despertar del sueño
Mardo Escobar / FYG Editores

Libro de relatos de Mardo Escobar, editado por FYG. Escobar ha publicado Como un animal herido y sus cuentos han aparecido en diversos diarios y revistas nacionales. Sobre la obra Marco Antonio Flores dijo: "Este libro es la expresión del dolor, la violencia, los sueños y la ternura de los desheredados de la tierra. El autor desvela el mundo real y lo hace ficción. Ficción que duele, conmueve y desalienta pero enriquece el espíritu y la solidaridad con ese mundo marginal, violento y desolado que es producto de una sociedad injusta y desigual".

Los relatos se enmarcan en la ciudad capital y sus personajes son, en su mayoría, seres urbanos que intentan sobrevivir en la selva de concreto.

Una cruda realidad

Ocio y agenda/Libros*

*. Prensa Libre / Revista Amiga. Pag. 34. Guatemala, miércoles 09 de febrero de 2005.

El escritor guatemalteco Mardo Escobar incursiona en el género del cuento y, en nueve historias, trata de reflejar la realidad que viven los jóvenes en los barrios marginales de la ciudad de Guatemala. En este sentido, el autor demuestra que la ficción no tiene que pelear con la realidad y por medio de ésta es posible hacer una alerta a estos muchachos y muchachas y sepan qué hacer para tratar de sobrevivir en la jungla urbana. (F&G Editores, 2004, 132 págs.). F&G Editores

*. Diario de Centroamérica / Cultura. Pag. 13. Guatemala, miércoles 30 de marzo de 2005.

Los libros, nuestros amigos
(...) historia y literatura
Editoriales guatemaltecas compiten en
calidad y temática con editoriales extranjeras.

A cargo de Eduardo Gómez/Propuestas*

La industria editorial guatemalteca no tiene nada que envidiar a las grandes editoriales extranjeras, pues aún con recursos y ediciones limitadas, la variada temática que abarcan y calidad técnica de sus publicaciones compite con las mejores del mundo. Para muestra, un botón.

(...) También de F&G editores, El despertar del sueño, del escritor Mardo Escobar (1970), quien forma parte de la nueva generación de escritores de la pos-guerra guatemalteca, realiza con este libro su incursión en la narrativa. Como señala el gran novelista Marco Antonio Flores: "este libro es la expresión del dolor, la violencia, los sueños y la ternura de los desheredados de la tierra. El autor desvela el mundo real y lo hace ficción. Ficción que duele, conmueve y desalienta pero enriquece el espíritu y la solidaridad con ese mundo marginal, violento y desolado que es producto de una sociedad injusta y desigual".

"Los protagonistas de estos relatos son, en su mayoría, muchachos y muchachas que viven en el caos marginal y lumpen de la ciudad de Guatemala, en la que intentan (muchas veces sin lograrlo) sobrevivir. Sin embargo, sus palabras, sus deseos, sus sentimientos desbordados o reprimidos los convierten en víctimas o victimarios en esa selva que son los barrios marginales de los desposeídos".

"Libro único en la nueva literatura hecha en Guatemala, en la que las ficciones de la gran mayoría de jóvenes se refieren a una supuesta angustia existencial, al escapismo y a la frivolidad superficial y alienada. Los relatos de Mardo Escobar son otra cosa: son el reflejo de la realidad profunda de esta ciudad desalmada".

Revista La Ermita / La plaza. Pags. 45-46. Número 39. Guatemala, julio-septiembre de 2005.

 

El despertar del sueño
Cuentos
Mardo Escobar
F & G Editores

Epifanías del fracaso.

Eduardo Villalobos

Cuando lo conocí hace unos diez años, Mardo Escobar tenía los mismos ojos esquivos de ahora, y la misma ironía pausada de quien ha encontrado ,la violencia y la ha tocado con las manos limpias. Acababa de publicar por entonces un libro de poemas titulado Como un animal herido, y me obsequió un ejemplar que firmó con paciencia y la recomendación de leerlo. No me cayó ni bien ni mal, y la lectura de su libro, para cumplir con la deuda de sinceridad con que a veces me impongo flagelos inocuos, fue relegada por las visitas que hacía a una muchacha de sueños tranquilos, interesada más por los perfumes que por el arte o la poesía.

Así que le mentí a Mardo, la siguiente vez que lo vi, y le dije algo parecido a que había encontrado en su libro imágenes, ritmos, tonos interesantes o sugerentes, no lo sé ya con precisión. Como nos dice un personaje de sus cuentos, "nunca existe la exactitud del pasado". Fue poco tiempo después, cuando las aficiones de la muchacha de la que hablaba nos fueron alejando para nuestro bien y el de los hijos que nunca tendremos, que encontré entre los papeles que suelo acumular el libro en cuestión. Caía, como es frecuente en los textos iniciáticos, en una deuda con otros autores o con el lugar común. Sin embargo, si se presta atención, es posible encontrar ya ahí las claves que prefiguran los relatos de Mardo Escobar, sus obsesiones, el tono solitario y nostálgico, la intensa y percudida visión que rescata la memoria para golpearnos con ella cualquier día de estos, con una acidez que reconforta a quienes tenemos propensión a la melancolía y la oscuridad.

Claro que eso no lo supe entonces, sino al cabo de estos años, en que hemos frecuentado la amistad y he conocido de primera mano los cuentos que hoy se reúnen en este libro, y otros más, entre los que sobresale una de las historias de amor más desesperanzada y hermosa que me ha tocado leer de un escritor guatemalteco y que se llama "Crazy horse". Palabras que aún esperan la luz, o la penumbra, para estar más a tono con su esencia reveladora y acaso luminosa.

Hijos del barrio violento, de la ciudad que despierta siempre con una resaca en las aceras, los personajes de El despertar del sueño viven en una realidad atroz y alienante. Generalmente son jóvenes pobres, con más amistad y sueños que posibilidades de alcanzarlos. Son los marginados, los ladrones, las putas y los travestis, algún empleado corriendo hacia el trabajo pensando cuándo fue que le movieron las agujas del reloj, un muchacho que recuerda lo que fue y no podrá ser más, maldiciendo y preguntándose en qué esquina fue que se perdió el camino. Hijos también de la desilusión, terminan muertos, en manicomios, en alguna banca rasgándose el pasado que les termina de carcomer el ansia y la vigilia. Los escenarios se repiten de una historia a otra: hoteles de mala muerte donde aplacar la soledad, esquinas sospechosas, calles vacías, hospitales, cantinas y tugurios, habitaciones cerradas cuyo cielo es preferible ver porque el otro recuerda a un dios que nos dice mentiras.

He aquí el imaginario que nos lega Mardo Escobar, no es otra cosa que el mundo que lo acompaña, que lo ha acompañado siempre, a él y a nosotros, y está allí, más allá de nuestra evasión, de las buenas conciencias y los mensajitos pendejos que cada mañana recibimos en nuestro conveniente email, diciéndonos de flores y delfines, convenciéndonos de que hoy vamos a ser mejores, de que la vida es bella y los sueños se alcanzan si nos portamos bien y rezamos mucho y enviamos diez copias antes de 24 horas a cualquier imbécil que lo soporte.

Pero más allá de nuestro engaño, del otro lado de la ciudad, en una casucha oscura o en un hotel maloliente, en alguna cama desgastada, dos seres solitarios se encuentran en una pasión condenada a la fugacidad, y son felices una sola noche antes de regresar a la tiniebla. Una prostituta inicia en las artes del engaño a un muchacho inexperto que la ama y siente necesidad de su regazo. Un hombre recuerda, por medio de una fotografía, a un amigo y el amor de una niña que no se quitaba una playera Adidas, esa que le regaló muchas lluvias antes de su tortura y violación por parte de perros siniestros y cercanos. Un travesti muere en su intento de cumplir con la ilusión de ponerse un vestido blanco. Un muchacho enloquece luego de vivir el amor y la violencia al mismo tiempo. La vida huele a mierda, nos dice uno de ellos. Y otro: no hay nada peor que ser uno mismo.

Estas son las historias, las hermosas historias que nos cuenta Mardo Escobar, porque en ellas, en sus habitantes, también hay ternura, amor, solidaridad, esperanza, perdón. Visiones de humanidad que el autor, con una innegable lucidez, nos entrega como reflejo de una casa desolada por nuestras propias miasmas. Son, en suma, el producto de una historia de exclusión e injusticia. Son nuestra patria. Ya que, como nos dice Karina, uno de sus personajes, "Las calles, los hoteles como este, los bares y los atracadores, las prostitutas, los carteristas, todo lo que se mueve en su silencio, conformamos realmente el presente de este país".

Si existe de verdad eso que pomposamente se ha dado en llamar la Literatura de la Posguerra guatemalteca, Mardo Escobar es, definitivamente, una de sus voces más implacables. En las páginas que ha escrito encontramos un recuento decidido de nuestras heridas y de nuestra inmundicia. Allí está la guerra también, allí está la miseria que nos acosa, allí está el amor que nos salva y da consuelo. Autor de historias desgarradas, no es recomendable para la mayoría de guatemaltecos, hipócritas, miedosos y evasivos. Acaso por ello, el título original del libro De princesas, putas y otros oficios no haya soportado el imprimatur de la autocensura editorial. Son voces como las de Mardo Escobar, solitarias y alejadas de la autopromoción y mutuo agasajo de cualquier porquería, las que dan consistencia a una tradición literaria que en Guatemala es inexistente. Solo hay luciérnagas, pedazos de luz negra, espejos relucientes para ver la realidad sin espejismos, y el de El despertar del sueño es uno de ellos.

*. Revista D / Prensa Libre. Pag. D-34. Guatemala, domingo 6 de noviembre de 2005.

 

 

Los relatos de Mardo Escobar cuentan con lo que otros no tienen: la autenticidad

El cadalso bien contado

Punto final/Por Alexánder Sequén-Mónchez

Distantes y embrutecidos, los personajes de Mardo Escobar capean infructuosamente la realidad. Quiéranlo o no, penan las atribulaciones de un origen atroz. Esa materia de la que echa mano está servida en una atmósfera coloquial, directa y vulgar: el ajetreo de la calle. De sus páginas brotan las asimilaciones de lo externo que comunican, más que ideas, vacíos y rencores. A pesar de que el lenguaje desencarna los pozos del alma, el silencio es protagonista: "Le tuvo más miedo a las palabras. Empezó a maldecir, a odiar con el pensamiento". Prevalece la fecundación de los venenos por encima de la liberación verbal.

Al leer los cuentos de "El despertar del sueño" salta una coincidencia entre forma y contenido, entre estructura y abordaje temático. Hay un leit motiv determinado por la perspectiva de una clase, de una época, de un espacio urbano y excluido. Es una misma historia que, seccionada en nueve piezas, nos lleva a cuestionarnos si la literatura sirve para desmitificar o para victimizar. Estoy por lo primero, porque desconfío de la recuperación idílica de la pobreza. Hay una semejanza fantasmal con "Los olvidados", de Buñuel. No en la construcción del hilo narrativo, sino en el arquetipo de la tragedia. Los seres violentos, desahuciados de la ilusión, aceptan su destino y lo convierten en rutina y espera. Su paso por el mundo es una mancha, no una huella.

Pero ese ropaje oculta preocupaciones vitales: el amor como búsqueda, el abandono enmascarado en yacimientos sexuales problemáticos y la tormentosa individualidad conquistada en los vínculos grupales Este registro de lo turbio y lo cotidiano exhibe los alcances sociales de la soledad. Ningún abrazo de partida, ningún abrazo de llegada. Escobar se propuso restituir los reflejos ausentes en un espejo que irradia sólo autodestrucción: "Soy un soñador que usa el guaro como gasolina para volar". En "La reina del vestido roto", por mucho su mejor cuento, la imposibilidad del afecto erótico, limpio y permanente, constituye la extensión gangrenosa del pasado.

Lo que interesa en Escobar es cómo funciona la anécdota, el manejo de los tiempos y el traslape introspectivo. Méritos que contribuyen a darle un giro radical a cada relato. Sin embargo, esos finales palidecen por una ruta tortuosa en que batallan la obsesión simbólica y el lugar común, fricciones que evidencian la factura de un primer libro. En principio, todas sus aproximaciones al acto sexual involucran la referencia del jadeo y del olor.

La estrechez machacona estropea la narración descriptiva. Además, se deja traicionar por la vista. En diez líneas, y sin percatarse, redunda: "El lugar daba la sensación de ser el refugio de los olvidados por Dios... Un cenicero que daba la apariencia... Dos sillas que daban la sensación..." Lo que sí escuchamos, trasvasada y potente, es la influencia de Marco Antonio Flores en el desenfado lingüístico y en el rebote agresivo. ¿Y Bukowski?

¿De dónde si no el hechizo por la abolición heroica y el ánimo canceroso?

Ahí está un talento esforzado y promisorio. Cuenta a su favor lo que otros falsean: la autenticidad. Ahora mismo satisface su exploración sincera: "Sí, son mis vivencias, mis metidas de pata, mis fracasos, mis dos que tres acercamientos a la felicidad".

Mardo Escobar es un escritor nato En él, despunta la nitidez y la violencia, la coartada literaria en la que nada es benevolente. Fascinan esos charcos de palabras, insidiosos reductos de la dignidad que se añade a la muerte... A la muerte de las cosas que deberían estar vivas.

Diario de Centroamérica / Cultura. Pag. 6. Guatemala, viernes 11 de mayo de 2007.

"La justicia se adquiere junto con la educación"
Mardo Escobar, escritor guatemalteco

En su recorrido laboral ha desempeñado varios puestos dentro del Organismo Judicial y su mundo en solitario. Despertó, según indica, la inquietud de crear personajes ficticios.

Un "Animal herido" y "El despertar del sueño", fueron sus dos últimas publicaciones que entrelazan la ficción y la realidad.

Poeta y escritor guatemalteco, Mardo Escobar, un trabajador como todos, desempeña el cargo como comisario en un Tribunal de Sentencia en el Organismo Judicial. Desde muy joven (16 años), nació la inquietud de aportar algo al gremio literario mundial. Como un "Animal herido" y "El despertar del sueño", fueron sus dos últimas publicaciones que entrelazan la ficción y realidad. Mardo Escobar es un valor nacional que pasa por la vida descubriendo parte de la vida de los guatemaltecos.

En su recorrido laboral ha desempeñado varios puestos dentro del Organismo Judicial, y su mundo en solitario despertó, según indica, la inquietud de crear personajes ficticios con situaciones reales que en algún momento en la historia sucedieron.

¿Indíquenos cuáles son las publicaciones que ha realizado?
En 1997 publiqué el primer libro que se llama Como un animal herido, que contiene poesía que recopilé de mi inspiración desde el año 87, y fue hasta el año 97 que logré publicarlo. El segundo fue El despertar del sueño, el cual salió a luz en el año 2006 el cual describe una serie de cuentos surrealistas, por ejemplo, la recreación del panorama del barrio donde crecí donde lo único que los separa son los personajes ficticios, pero las situaciones son reales o que han sucedido en algún tiempo de mi vida, pero no es un libro autobiográfico.

¿Existen más proyectos para el futuro?
Sí, espero poder publicar dos obras, una novela llamada "Un circo lejano en la memoria", y "Barrio cruz y calavera", libro de cuentos, ambas con personajes de barrios populares.

¿A su criterio, qué se necesita para poder escribir?
Pienso que más que inspiración hay que vivir las historias y transmitirlas en un papel. Aparte de ello es importante sentir la necesidad de escribir al grado que se convierta en un oficio de uno para el mundo, lo cual representa trabajo extra a las labores cotidianas, pero se hace con muchas ganas.

¿Cómo ve el medio artístico nacional después de haber publicado varias obras?
El mercado nacional es difícil incursionarlo debido a que existe poco apetito en apoyar al artista, y no sólo hablo de quienes escriben, igual pasa con los pintores, escultores, etcétera. El oficio no es valorado del todo en el país.

¿Qué tipo de literatura es de su preferencia?
Me gusta mucho leer autobiografías de escritores contemporáneos como Charles Bukowski, novelas de intrigas, narraciones simples así como de detectives forenses, que tienen cierta relación con mi trabajo judicial en el caso de este último. De autores nacionales los que tengo de moda son Marco Antonio Flores y Jaime Sabina en el ramo de poesía.

¿Se dedica a realizar otro tipo de arte?
Sí, me gusta practicar la fotografía, actualmente tengo una exposición fotográfica en el lobby del edificio de la Corte Suprema de Justicia, el cual tiene como nombre "Al final del sueño", que consiste en una secuencia de situaciones de exposición al peligro a niños, ellos son víctimas de hogares desintegrados y les crea una jaula moral que difícilmente salen de ella. He realizado este "experimento" esperando que a las personas les guste.

¿Qué otros proyectos tiene en mente para un futuro cercano?
Bien, (expresión de asombro), espero poder realizar cortometrajes con personajes sub urbanos, pues sabemos que "no están en primera fila pero aplauden".

¿Cómo se considera como persona Mardo Escobar?
En principio como un autor independiente. También como una persona sencilla que no busca ser protagonista en la sociedad, alguien que escribe por oficio, que trabaja para poder vivir, apartado de la sociedad; al mismo tiempo evitar los círculos porque no pertenezco a ninguno de ellos. El sistema siempre condiciona a los autores, creo que no debería ser así.

¿Usted que ha laborado tanto tiempo para un organismo de estado, como el judicial, qué piensa de la justicia?
Ser justo nos conlleva a hacer lo correcto aunque se vea mal ante la gente. La justicia se adquiere junto con la educación y para ser justos tenemos que formar nuestras bases desde pequeños en casa y escuela. De esa cuenta podremos aceptar las decisiones que, siendo en detrimento de nosotros mismos por haber cometido algún hecho que haya perjudicado el derecho ajeno, hay que reparar el daño que cometemos.

¿Qué mensaje revela a quienes lo leen en las obras que publica?
Relatos de personas que se han encontrado a lo largo de su vida, cada uno con sus propios temores y que con el tiempo aprenden a aceptarse a sí mismos, y llenar el alma de la pareja con la que comparten. Las obras por publicar son la continuación de un viaje de la infancia a la adultez y viceversa. En todo caso vencer el paradigma de que la niñez es un riesgo y la vejez es un estorbo donde vivimos.

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